
El jueves tuve el placer de ver La Cena de Els Joglars. Una obra que, con el habitual tono satírico de todo lo que sale de la cabeza de Albert Boadella, trata el tema del cambio climático desde el punto de vista del negocio originado alrededor del medio ambiente y de la frivolidad política.
No voy a hacer una crítica teatral. Ese no es mi trabajo. Además creo que la mejor crítica es la que hace uno mismo cuando acude a cierto tipo de espectáculos.
De lo que sí voy a escribir es del vuelco vital que ha dado Boadella en los últimos años. Hace tiempo estuvo muy ligado a posiciones catalanistas y, en general, a la izquierda antifranquista catalana y, por extensión, española. Fue uno de sus iconos culturales.
Hoy día, al margen de su actividad con Els Joglars, trabaja como director artístico del Teatro del Canal de Isabel II, perteneciente a la Comunidad de Madrid, que gobierna el Partido Popular, con Esperanza Aguirre a la cabeza.
Desde hace años, su posicionamiento de defensa de la libertad y de crítica a todo tipo de dogmatismo, me ha parecido ejemplar. A él le ha acarreado más de una enemistad, aunque supongo que le da igual. De hecho una de sus frases más celebres es “que no pase un día sin hacer un nuevo enemigo”. Con el tiempo se ha ido erigiendo como un bufón incomodo para el poder y para las conciencias más sumisas, pacatas y retrogradas.
Este último giro que ha dado a su vida ha sido muy valiente. No comparto la forma de hacer y entender la política del partido que gobierna en la Comunidad de Madrid. Lo que sí comparto con él es esa visión antidogmática y crítica contra todo tipo de fundamentalismos, sean del signo que sean. El hecho de que una persona con su trayectoria, con su ideología y su forma de ver el mundo haya decidido abandonar y autoexiliarse de Cataluña en el que la situación política, lingüística y social es la que es, denota que las cosas están bastante mal. Y no es que me sorprenda la postura de los partidos nacionalistas “conservadores”, ya que a estos se les ve venir a kilómetros, con lo cual la capacidad de sorpresa es mínima. Lo que me sorprende es que ciertos partidos “progresistas” sean los que se destapen como los más acérrimos defensores del nacionalismo más cateto y los más intolerantes con todo y contra todo lo que suponga una diferencia a su visión única de la realidad. Así que no nos engañen. Eso no es progresismo y además esta muy lejos de los principios ilustrados en los que se basó la Revolución Francesa. Para mi es otra cosa, más parecido al fascismo y al conservadurismo más radical.
Sin embargo si que es progresismo la actitud valiente de Boadella, aunque por ello le hayan llovido críticas desde muchos frentes distintos. Creó que eso a él le da exactamente igual y que esas críticas no harán que se le atragante la cena.
No voy a hacer una crítica teatral. Ese no es mi trabajo. Además creo que la mejor crítica es la que hace uno mismo cuando acude a cierto tipo de espectáculos.
De lo que sí voy a escribir es del vuelco vital que ha dado Boadella en los últimos años. Hace tiempo estuvo muy ligado a posiciones catalanistas y, en general, a la izquierda antifranquista catalana y, por extensión, española. Fue uno de sus iconos culturales.
Hoy día, al margen de su actividad con Els Joglars, trabaja como director artístico del Teatro del Canal de Isabel II, perteneciente a la Comunidad de Madrid, que gobierna el Partido Popular, con Esperanza Aguirre a la cabeza.
Desde hace años, su posicionamiento de defensa de la libertad y de crítica a todo tipo de dogmatismo, me ha parecido ejemplar. A él le ha acarreado más de una enemistad, aunque supongo que le da igual. De hecho una de sus frases más celebres es “que no pase un día sin hacer un nuevo enemigo”. Con el tiempo se ha ido erigiendo como un bufón incomodo para el poder y para las conciencias más sumisas, pacatas y retrogradas.
Este último giro que ha dado a su vida ha sido muy valiente. No comparto la forma de hacer y entender la política del partido que gobierna en la Comunidad de Madrid. Lo que sí comparto con él es esa visión antidogmática y crítica contra todo tipo de fundamentalismos, sean del signo que sean. El hecho de que una persona con su trayectoria, con su ideología y su forma de ver el mundo haya decidido abandonar y autoexiliarse de Cataluña en el que la situación política, lingüística y social es la que es, denota que las cosas están bastante mal. Y no es que me sorprenda la postura de los partidos nacionalistas “conservadores”, ya que a estos se les ve venir a kilómetros, con lo cual la capacidad de sorpresa es mínima. Lo que me sorprende es que ciertos partidos “progresistas” sean los que se destapen como los más acérrimos defensores del nacionalismo más cateto y los más intolerantes con todo y contra todo lo que suponga una diferencia a su visión única de la realidad. Así que no nos engañen. Eso no es progresismo y además esta muy lejos de los principios ilustrados en los que se basó la Revolución Francesa. Para mi es otra cosa, más parecido al fascismo y al conservadurismo más radical.
Sin embargo si que es progresismo la actitud valiente de Boadella, aunque por ello le hayan llovido críticas desde muchos frentes distintos. Creó que eso a él le da exactamente igual y que esas críticas no harán que se le atragante la cena.
Un saludo, cosas malas.
